Por Marlem Suárez

La Generación Z encontró en Olivia Rodrigo una confidente. Alguien que traduce sus emociones en canciones que suenan como cartas abiertas: sinceras, viscerales, a veces furiosas o tristes.

Anoche, en el Estadio GNP, ese lazo se hizo visible en abrazos silenciosos entre amigas, en la rabia contenida de muchas de las jóvenes y en algunas lágrimas que no pidieron permiso.

Frente a un recinto lleno, Olivia ofreció el concierto más grande de su carrera. Lo supo desde el primer momento y lo dijo apenas pisó el escenario, con una mezcla de incredulidad y gratitud.

“¿Cómo están esta noche, Ciudad de México? ¡Dios mío! ¿Saben que este es el concierto más grande que he dado en toda mi vida? Literalmente no puedo creer lo que estoy viendo”, dijo la cantante visiblemente emocionada.

A las 21:10 horas, las luces se apagaron y una mariposa morada apareció en las pantallas. Un video mostró a Olivia caminando por una cuerda floja, suspendida sobre el vacío, mientras su banda ya tocaba en vivo. En el clímax de la secuencia, la cuerda cedía. La oscuridad fue total durante un segundo. Y entonces, ahí estaba.

Con blusa plateada brillante, short negro y botas hasta la rodilla, apareció al centro del escenario. No necesitó presentación. Abrió con “obsessed”, una canción inédita que ha marcado su gira, y se elevó sobre una plataforma mientras el público cantaba como si la conociera de años. Rodrigo respondió con una sonrisa genuina, como quien todavía no cree lo que está viviendo.

Sin dar respiro, siguieron “ballad of a homeschooled girl” y “vampire”. La primera, con su ritmo de reminiscencias punk, desató brincos y gritos. La segunda, más oscura y dolida, se sintió como una escena de confesión a cielo abierto. Fue ahí donde Rodrigo caminó para acercarse al público. Los miró. Y les habló.

“Esta noche va a ser increíblemente divertida. Amo estar en la Ciudad de México. Y no sé si lo saben, pero tienen fama de ser muy ruidosos. ¿Es cierto? Supongo que tendrán que demostrármelo esta noche”, dijo la cantante, quien presumió también de haber comido tacos e ir la casa de Frida Kahlo y a las luchas el día anterior.

La respuesta fue ensordecedora. El segundo acto del show trajo consigo las primeras baladas. “drivers license” y “traitor” convirtieron el estadio en un coro masivo de desamor. Rodrigo las cantó sentada, con luces cálidas y la voz firme, como si supiera que esas canciones ya no son solo suyas.

Crea espacio íntimo

Uno de los momentos más intensos llegó con “drivers license”, interpretada al piano. El himno generacional que marcó su debut sonó más como recuerdo compartido que como éxito de radio.

Pero la noche no se quedó en la melancolía. Canciones como “bad idea right?”, “love is embarrassing” y “lacy” trajeron energía, euforia y desahogo: se bailó, gritó y todo se volvió a encender.

Las fans, además, habían preparado una sorpresa: antes del concierto repartieron papelitos morados para cubrir los flashes de los celulares durante “teenage dream”, y el resultado fue una marea violeta que envolvió a Rodrigo mientras cantaba sobre crecer con expectativas encima. La calma regresó con “happier”, interpretada mientras caminaba por la pasarela junto a su guitarrista.

Fue el preámbulo para una de las pausas más emotivas.

“Escribí esta canción cuando tenía 17 años y estaba con el corazón roto. Si pudiera viajar en el tiempo y decirle a esa chica que algún día estaría tocándola en un estadio lleno en la Ciudad de México… no lo creería. Gracias por hacer ese sueño realidad, de todo corazón. Esta canción es ‘enough for you’”, dijo en una comunión que continuó a lo largo de la noche.

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