La depresión se incrementó durante la pandemia: una prueba, es el aumento de las recetas de medicamentos antidepresivos. Sin embargo, está comprobado que estos fármacos, -incluso los de mejor rendimiento- tienen una eficacia modesta, (generan efectos secundarios no despreciables) y altas tasas de recaída que ponen de manifiesto la necesidad de recurrir a nuevos y mejores tratamientos.

En este último tiempo, tal vez hayan escuchado o leído acerca de la psilocibina, una sustancia que se encuentra en los llamados “hongos mágicos”. Se trata de un compuesto presente en los hongos del género psilocibe que pertenece a la familia de los “psicodélicos clásicos”, ya que estimula un receptor específico de la serotonina (que se encuentra predominantemente en áreas de asociación de la corteza cerebral).

El término psicodélico viene del griego antiguo (psyche, alma y deloun, revelar, poner en evidencia) y se puede traducir como “drogas que manifiestan la mente”: generan un estado no ordinario de conciencia que produce cambios fisiológicos, distorsión de la percepción, cambios cognitivos de la dimensión espacial y temporal, y en el estado de ánimo, y en ocasiones pueden generar experiencias místicas y sentimientos de unidad con el universo. En este estado, podríamos decir que podemos acceder a información de contenidos de nuestra vida y relaciones.

Después de décadas de estancamiento en la investigación, por haber sido consideradas drogas peligrosas y sin potencial terapéutico, en la actualidad hay altos avances científicos que van demostrando su eficacia para atender diferentes desequilibrios como la ansiedad, trastornos de ánimo, trastornos obsesivos compulsivos, abuso de sustancias y problemas alimenticios.

En 2019, la Administración de Drogas y Alimentos de los Estados Unidos (FDA) otorgó a la psilocibina la designación de terapia innovadora (breakthrough therapy) para casos de depresión resistentes al tratamiento convencional. De esta manera, reconoció su potencial terapéutico y permitió el aumento de las investigaciones científicas que ayudarán al uso responsable de la misma basado en la evidencia de su eficacia.

El potencial antidepresivo está probado: en los últimos 15 años, al menos seis ensayos clínicos reportaron mejoras en síntomas depresivos luego del tratamiento con psilocibina, sin embargo, siempre fue un enigma cómo funcionan.

Hace pocas semanas, la revista “Nature Medicine” publicó un estudio realizado por un grupo de investigadores del Imperial College de Londres, que demuestra un aumento en la integración cerebral en pacientes con depresión luego del tratamiento con psilocibina.

En este informe se evaluó el impacto de la psilocibina en la función cerebral en dos ensayos clínicos de depresión. Por un lado, en un grupo con depresión mayor resistente al tratamiento convencional y por el otro, uno donde compararon a la psilocibina con un antidepresivo convencional, el escitalopram, en el tratamiento de depresión.

Durante el estudio se analizó a las personas a través de resonancia magnética funcional y se observaron cambios en la dinámica de grandes redes cerebrales. En especial en la conectividad de la red neuronal por defecto, “default mode network” (DMN) que está asociada principalmente con la introspección y pensamientos autorreferenciales de donde emerge la construcción del “ego”, clave sobre todo si se tiene en cuenta que su forma de conectarse con otras redes cerebrales está relacionada con sintomatología depresiva, la poca flexibilidad cognitiva, los patrones de pensamiento rígidos y negativos con respecto a “uno mismo” y al futuro.

La hiperactividad de esta red nos mantiene atrapados en círculos de pensamientos repetitivos y muchas veces destructivos.

En este experimento, a partir de la ingesta de hongos, se pudo evidenciar que las partes del cerebro se comunican más libremente entre sí y hay una mayor comunicación con regiones que normalmente están fuera de los límites de su comunidad permitiendo “relajar” estos patrones de pensamiento rígidos, aparece la flexibilidad, la adaptabilidad y la coherencia y esto está relacionado con el bienestar. Es decir se mejora la sintomatología depresiva. Esta acción antidepresiva podría ser específica de la terapia con “hongos” ya que no se observaron cambios en la dinámica de estas redes con el uso del antidepresivo convencional.

Robin Cahart Harris, psicólogo y neurocientífico, propone que “los psicodélicos promueven un estado agudo de plasticidad mental y cerebral elevada que permite que las intervenciones psicológicas funcionen de manera más efectiva”.

La terapia psicodélica es un modelo terapéutico híbrido de “droga” más “contexto”. De hecho, es un tratamiento combinado. Por lo tanto, un reconocimiento adecuado de esta alternativa permitiría ayudar a cerrar una brecha innecesaria y obsoleta entre farmacología y psicología en la investigación y la atención de la salud mental.

Generaría una ventana de oportunidad para flexibilizar y revisar los hábitos desadaptativos de la mente, el cerebro y el comportamiento promoviendo un reaprendizaje saludable que desarrolle mayor bienestar y así poder estar y aceptar lo que nos pasa de una forma flexible. Un cambio de perspectiva, una manera distinta de lidiar con la experiencia interna que implica mayor libertad.

La terapia psicodélica podría representar una nueva estrategia terapéutica prometedora para tratar, mejorar y mantener la salud mental que trasciende los límites del diagnóstico.

En resumen, la depresión es un importante problema de salud pública asociado con una enorme carga y costo personal. En este experimento, han identificado un biomarcador confiable y potencialmente específico de respuesta a la terapia con psilocibina para la depresión. Estos resultados pueden ayudar a explicar por qué la terapia con psilocibina es prometedora como una nueva opción de tratamiento en psiquiatría y la eficacia trans diagnóstica de este compuesto.

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melc

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