Por Diego Durán

Pina Pellicer había logrado gran relevancia a corta edad. Con apenas 30 años, fue galardonada en festivales del séptimo arte por sus papeles en dramas y películas western. Mientras actuaba para el cine nacional y extranjero, mostraba su talento en el teatro mexicano, donde siempre quiso triunfar.

La trayectoria de Pellicer comenzó en 1950 y terminó en 1964, cuando el 4 de diciembre de ese año tomó tres frascos de píldoras para dormir y dejó una carta a uno de sus amigos. Aunque las versiones detrás del suicidio han variado entre el desamor y la frustración en el teatro profesional, los familiares han desmentido estas versiones en varias ocasiones ante los medios.

Pellicer vivió entre la danza y el teatro, junto a directores que la impulsaron a convertirse en una leyenda del cine mexicano. El talento de la joven actriz fue legendario y la llevó hasta Hollywood, pero ¿quién era la mujer mexicana recordada por sus múltiples galardones?

La inspiración en la UNAM que vio nacer a una leyenda

Pocas artistas han gozado del prestigio y el ascenso en el cine mexicano e internacional. Pina Pellicer tenía 30 años cuando ya había participado en largometrajes de la época de oro y producciones televisivas de EEUU. El camino hacia el éxito llegó después de que la joven encontrara su amor por la actuación.

Nació el 3 de abril de 1934 en la Ciudad de México, con el nombre de Josefina Yolanda Pellicer López de Llergo. Sus padres, César Pellicer Sánchez Mármol y Pilar López de Llergo tuvieron siete hijos más, entre ellos destacan la escultora Ana y la también actriz Pilar, quien falleció en mayo de 2020 por Covid-19.

La mediateca del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) registra que formó parte, junto a Octavio Paz, del grupo Poesía en Voz alta, auspiciado por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). A los 16 años, ingresó al Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) donde tuvo formación en baile.

Años más tarde, estudió en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, en esa etapa de su vida se fascinó por el teatro. La pasión que sentía por este arte la incentivó a unirse a la compañía de actores del autor teatral español, Álvaro Custodio. También aprendió actuación con el director japonés, Seki Sano, quien al igual que Custodio, era un refugiado político en México.

Con la influencia de autores como Elena Garro y otros artistas, inició una transformación en el teatro mexicano, producto de una visión abierta a los cambios culturales del país. Pellicer habría de vivir estos periodos mientras ascendía en el cine y la televisión.
Teatro, cine de oro y Hollywood, los peldaños en la carrera de Pellicer

En algunos apuntes que Pellicer escribió en su diario, la mayoría sin fecha, y el libro “Pina Pellicer: Luz de tristeza”, escrito por Reynol Pérez, describen la personalidad entregada de la actriz. En 1950, con el largometraje La liga de las muchachas, tuvo un par de números de baile frente a la cámara. Aunque su talento era innegable, tendría que esperar 10 años para saltar al estrellato.

Fue en “Macario”, estrenada en 1960, donde ella mostró su potencial a México y la escena internacional, pues pasó a la historia por haber sido la primera cinta nacional en conseguir una nominación a la mejor película extranjera en los premios Oscar. El papel que interpretó Pellicer como la esposa del protagonista llamó la atención de productores y cinéfilos.

Según los amigos y compañeros de Pellicer, quienes han concedido entrevistas, la joven amaba el teatro y nunca dejó de actuar en él. Sin embargo, tras participar en la adaptación teatral de “El diario de Ana Frank”, una propuesta de Hollywood la apartó de los escenarios para potagonizar “One-Eyed Jacks”, en 1961.

En el largometraje compartió escenas románticas con Marlon Brando, protagonista y director. Pellicer encarnó a Louisa, el interés amoroso del personaje principal. El papel de Brando estaba poseído por el deseo de venganza contra el padrastro de la chica. La cinta tuvo una recepción con malas críticas, pero la actriz fue galardonada en el Festival de San Sebastián por su trabajo. Así comenzó su ascenso al éxito.

El segundo reconocimiento que obtuvo por su interpretación llegó en 1962. En la película “Días de otoño”, protagonizó la historia de Luisa, el personaje principal que inventa una realidad alterna de ascenso social y estabilidad económica, tras el fracaso amoroso con un chofer. Por su actuación convincente, Pellicer ganó el premio a mejor actriz en el Festival Internacional de Cine del Mar de Plata. Además, en 1963, fue galardonada con la Diosa de Plata, por su trabajo en “Tiburoneros”, según el INAH.

La trascendencia de Pellicer alcanzó a la televisión. En 1964 la actriz protagonizó el capítulo “La vida y obra de Juan Díaz”, del show “La hora de Alfred Hitchcock”. Ella interpretó a la esposa de un hombre cuyo cadáver fue exhumado por el encargado del cementerio. En su afán de vengarse, la mujer recupera el cuerpo y aprovecha para exhibirlo como una supuesta momia a cambio de dinero, de acuerdo con el sitio estadounidense especializado en cine IMDB.

Una carta y píldoras para dormir

Pese a haber conquistado en varias ocasiones a la crítica y al público, Pellicer ansiaba volver al teatro. De acuerdo con Ana, la hermana de Pellicer quien también participó con sus testimonios en el libro de Reynol Pérez, hubo problemas con una obra de teatro estrenada en 1960 que afectó a la actriz.

La obra “Margarita Gautier”, producida por Pellicer, tuvo comentarios negativos. Desde ese momento crecieron las inseguridades en la joven. La crítica comenzó a preguntarse si ella sería incapaz de alcanzar en el teatro un éxito tan avasallador como en el cine.

En 1965 se estrenó la última película en la que participó, “El pecador”. La cinta pudo haber ganado relevancia si Pellicer hubiera tomado otra decisión el 4 de diciembre de 1964, fecha en la que se suicidó en su apartamento de la colonia Condesa. Ella tenía 30 años y dejó un sinfín de incógnitas referentes a su fallecimiento.

Los familiares de Pellicer, declararon a la prensa que desconocen las razones del suicidio. La única certeza alrededor del hecho fue el inicio de la carta dirigida al también actor y amigo de la actriz, Salomón Leiter, escrita en papel azul perfumado con Arpège, loción favorita de la joven:

“Querido Chalo: Sé que entenderás perfectamente mi cansancio, ya no tengo fuerzas… Tal vez nunca hubiera llegado a la desilusión total; creo en los seres humanos, creo sobre todo en los que me quieren, pero no puedo más. Pina”

Leiter fue a la casa de su amiga, luego de días de haber fracasado en los intentos por contactar con ella. El actor ha contado para diversos medios que tumbó la puerta del departamento y al entrar, encontró el cuerpo de Pellicer sobre la cama. Solo había tres frascos vacíos: dos de Valium y otro de Neohebaral. La causa de muerte fue suicidio por sobredosis.

El legado de Pellicer supera los pocos años activos de su carrera, como aseguró Ana en una entrevista del 2007 con el periodista José Olivares. En este diálogo también aclara que ni siquiera ella y los biógrafos saben por qué se suicidó la actriz, lo que desmiente las versiones ligadas a un supuesto temor a revelar su sexualidad o a un amorío tormentoso con Marlon Brando.

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